ENTREVISTAMOS A CARMEN MANZANEQUE, FINALISTA DEL PREMIO PLANETA



Llego pronto a la entrevista, o eso creo, porque el personaje al que aguardo, se ha adelantado y me espera tomando café tranquilamente. Carmen Manzaneque, Campo de Criptana (Ciudad Real) 1957, ha escrito su primera novela, la ha presentado al Premio Planeta y ha quedado finalista. Hoy hace una visita a Talavera para presentar su novela: Donde brotan las violetas. Hemos querido hacerle un homenaje a su labor con esta entrevista y en su presentación en El lugar del vino. 
Carmen no termina de creerse escritora, aún duda de ello; sin embargo basta leer unas pocas páginas de su novela para darnos cuenta de que su modestia no está justificada y que estamos ante una excelente narradora de historias.
Mientras contesta a mis preguntas sostiene la mirada, que es franca y decidida porque, al hablar de los personajes de su novela, se apasiona y te transmite sentimientos. Es su palabra preferida, sentimientos, a la que acude con frecuencia para referirse a su obra. 

Supongo que siempre ha sentido la necesidad de escribir; pero, según usted, ¿qué merece la pena ser contado? 

Hay tantísimas historias que merecen ser contadas, a mí personalmente lo que me gusta contar son sentimientos, cualquier cosa que te llegue al corazón. Luego está la forma de contar, claro.

¿Cómo surge la idea de Donde brotan las violetas?

En primer lugar, y antes que la historia en sí, el detonante de todo ello fueron las ganas de escribir, el querer narrar por encima de todo. Esa necesidad que tenía de expresarme, de ver si era capaz de escribir una novela. Era un reto hacer algo más largo de lo que había hecho hasta entonces. Luego está el tema de la misma y nace de buscar en tu interior algo que te haya llegado muy hondo. Está la mujer por encima de todo y, por ello, me puse en el lugar de aquellas mujeres que no han podido desarrollarse; aquellas que tenían una meta y a las que les cortaron las alas por diversas circunstancias.

Hábleme de los personajes que aparecen en ella. ¿Cómo construye esos personajes? ¿Son reales o totalmente de ficción?

No, no hay ningún personaje real, salvo la primera mujer que aparece en escena. Es una señora mayor que vive en una residencia de ancianos y ese si es un personaje real. También me interesaba hacer hincapié en el tema de la maternidad; pero no en el tema de la maternidad real, el hecho de ser madre, de tener hijos, sino también en el hecho de ser madre sin serlo, que es lo que le ocurre a Celeste. Hay muchas formas de ser madre.
Por otro lado quería mostrar a la mujer sometida. Sometida al varón, padre o marido, a aquella mujer a la que no le dejan ser ella misma. Es el caso de Manuela, una mujer que sufre la opresión de su padre. Este, es en realidad una víctima de su tiempo. 
Además rindo en esta novela un pequeño homenaje a dos males, uno pasado y otro presente. Sin mostrar la crudeza de la enfermedad, quise que apareciera en ella una mención a aquellas personas que sufren Alzheimer. El segundo de los males fue la guerra y los rencores generados y los problemas que tuvieron que superar esa generación de mujeres que la vivió. 

Tiene un lector ideal al que dirigirse o busca llegar a todo tipo de lectores.

Lo primero que piensas es que no sabes si la gente te va a leer, aunque tienes esa ilusión. Pienso que el sector con el que se puede identificar esta novela es la mujer; aunque es cierto que hay muchos hombres que me han dicho que les ha encantado, se han emocionado y la han disfrutado mucho.




Hábleme de sus lecturas. ¿Tiene un libro al que vuelve recurrentemente?

Me gusta muchísimo y por encima de todo Gabriel García Márquez. Un libro que me encantó es La casa de los espíritus de Isabel Allende; pero si tengo que elegir un libro fetiche que te va a parecer que se sale de todo, ese es... Verás, lo que yo siempre llevaba de joven en el bolso eran Las Rimas de Bécquer y aprovechaba cualquier momento para leerlas. Me las sabía de memoria. Bueno, además hay otros muchos, Cortazar por ejemplo, con su narrativa poética, etc. 

Cuénteme su experiencia en la gala de los premios Planeta. 

La impresión más fuerte y el momento en el que yo no fui capaz de controlar mis nervios fue cuando leí en internet que estaba nominada entre los diez finalistas del Planeta. Fue una emoción intensa, de volverse loca. Luego la gala fue una experiencia muy bonita, pues estás ahí con nervios, quieres creerte que igual suena la flauta. Aquello tiene mucho glamur, escritores consagrados, actores… y, aunque te tratan muy bien, en ningún momento a los nominados se les da protagonismo alguno. No sales del anonimato salvo, lógicamente el ganador y el finalista. Para mí no obstante, es muy importante haber llegado ahí, y si hoy me estás haciendo esta entrevista es por esa razón. El solo hecho de haber quedado finalista del Planeta ya te abre puertas. Hay gente que pugna por ser publicado, abrirse camino desde el anonimato, y es muy difícil. Cuando eres novel, cuando escribes tu primera novela y cuando te decides tarde como yo, escribes con muchísimo miedo, porque no sabes si es bueno lo que estás escribiendo. Si lo llevas a sitios y no te hacen caso y te van dejando de lado, empiezas a pensar que no es bueno lo que has escrito y eso puede frustrar muchas ilusiones.  
Busqué la manera de darle salida a mi novela. Los consejos que pude encontrar en la red decían que la mejor manera eran los concursos. Empecé a buscar algo cercano y modesto. Pensaba que al ser mi primera novela es lo más apropiado; pero mi hermano me convenció para enviarlo al Planeta, decía que no tenía nada que perder. Después todos me animaron, mis hermanos por supuesto; también el bibliotecario de Illescas que no era alguien cercano que te ríe las gracias. Él me dijo que era buena y, a raíz de eso, me lo fui creyendo un poquito. A mí me daba vergüenza presentarme al Planeta. No se lo dije a nadie, ni en mi casa siquiera.

Después del éxito de Donde brotan las violetas, ¿qué próximo proyecto tiene en mente?

Estoy escribiendo otra novela, pero con más calma, despacio. La primera la empecé por las noches, cuando yo tenía tiempo y no me veía nadie, en la clandestinidad. Mi marido, de hecho, no sabía lo que estaba haciendo, le tuve que decir que no me preguntara. No se enteró de que estaba escribiendo una novela hasta que no la terminé. Lo sabían pocas personas. Cuando decidí mandarlo al planeta, tampoco lo sabía nadie, salvo mi hermano, mi hijo pequeño, mi hermana, tres, cuatro personas, nada más. 
Como te digo, escribía de noche y fui llenando páginas y páginas. Luego al ver que aquello iba tomando forma, le eché más horas. Han sido muchas horas nocturnas, robadas al sueño, con mucho esfuerzo. 
Esta que escribo ahora me la estoy tomando de manera más relajada, por las mil cosas que tengo que hacer, por la promoción del primero, que te quita mucho tiempo.





¿Cómo afrontó el reto siempre difícil de escribir una novela?

Pues de forma muy anárquica. No tengo unas pautas de trabajo. Una persona que tiene preparación y experiencia, tiene su método de trabajo; pero yo empecé por la historia de Amelia. Siempre es difícil comenzar y de ahí surgió Celeste. Haces un ejercicio de meterte en la piel del personaje. Eres ese personaje y empiezas a sentir, mejor dicho a imaginarte como sentiría. Creo que es importantísimo para que la gente que te lee, sienta a la vez que tú lo cuentas. ¿Qué sentiría Celeste? ¿Qué diría? He pretendido eso, me hubiese gustado que todos los personajes fuesen así. Ahora, una vez terminada la novela, echo en falta, en algunos de ellos, un poco de alma, porque no todos han terminado por apoderarse de mí. En una presentación de la novela me dijeron que conseguía mostrar el sentir de cada personaje en cada época. Cómo hablan, cómo cambia la forma de hablar cuando habla Elena, un personaje de hoy día, de cuando te remontas a los años treinta del siglo XX; porque en aquella época había una forma de comunicarse, de sentir, distinta a la de hoy en día. 
La novela surge de contar la historia de los personajes, partiendo de Manuela, que estaba en una línea a parte. La Historia de Celeste va por otro lado. Las iba escribiendo aparte, como historias distintas que eran, pero al final decidí juntarlas. La idea era que todas tuviesen un nexo de unión, que terminaran conociéndose. Pero sí, cada historia ha ido por separado. Este nexo es Elena, que es la que conoce a todos, unos en la residencia y otros en el pueblo. Ella hace de portavoz, nos va enseñando a esas personas. Es un personaje necesario, pero no el más importante. Es necesario para que las historias de todas esas personas se cuenten, porque si no, la narración hubiese sido un libro de relatos.

Y por último, ¿qué consejo daría a nuestros asociados, después de su experiencia como escritora?

Escribir, por supuesto, para eso no hace falta el consejo. Cuando estaba escribiendo la novela tenía un ritmo bastante constante, de tres horas al día. Escribía por las noches e interrumpía de vez en cuando esa rutina para dormir algo más. Sé que este tiempo es escaso, porque cuando escribes una novela larga, necesitas releer con frecuencia para sumergirte en la historia. No puedes seguir cada noche, donde lo dejaste el día anterior. Se trata de escribir con ganas, de poner mucho entusiasmo, meterte en la historia, dejar que te empape el sentimiento.
A la hora de publicar, de abrirte camino, sí que aconsejaría el concurso literario, porque si te premian, estás publicado y tienes la garantía de que te han leído. Si lo mandas a una editorial, no lo van a leer por el volumen de lo que llega y el tiempo del que disponen; pero en un concurso lo van a leer. Si llegado el caso, no te publican, aconsejo la autoedición, y luego moverse muchísimo. Llamar a todas las puertas y acudir a todos los sitios donde te llamen, se trata de lucharlo mucho, y creértelo.
En el último capítulo Elena hace una reflexión, dice que lo importante es tener un corazón libre para volar tras los sueños. Si he escrito la novela es porque no he olvidado esta reflexión, nunca he dejado ese sueño. He escrito la novela con cincuenta y seis años, y eso que desde niña quería escribir. Escribir es una pasión, algo que te llena, es una satisfacción personal. Si llegas a publicar y a vender, es un añadido; pero el solo hecho de plasmar tus sentimientos y que estos le lleguen a la gente, es lo más gratificante. 


FOTOGRAFÍAS: Roberto Ramos Rodríguez
TEXTO: Luis Miguel Vergel Corcho













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