PRIMER PREMIO
¿QUÉ NOS PASA?
Todos en algún momento la hemos vivido.
Unos la buscan con deseo, otros la detestan, algunos
simplemente la
Los unos y los otros no hablan de ella pero la sienten, la
mayoría no saben
lo que les pasa, pero algo les está pasando. Se engañan con
otras
emociones como la tristeza, y se la pasan llorando
haciéndose las víctimas
y quejándose de lo mal que está el mundo y la vida.
Culpando siempre a alguien o a algo de sus sinsabores, otros
manipulan,
se humillan, se engañan, hieren, guardan violencia en su
interior pero la
sacan con agresividad, siempre hacia alguien que está
dispuesto a
escuchar sus propias miserias, porque también les está
pasando y
tampoco se atreven a mirar adentro de sí mismos.
Y así va pasando la vida en esta sociedad que hemos creado
entre todos.
Cada día somos más individuales pero no más independientes,
todo lo
contrario, cada día somos más dependientes de tantas cosas y
personas,
que no nos damos cuenta de lo solos que estamos, y de las
mentiras que
nos contamos para seguir sobreviviendo.
En esta sociedad estamos viviendo personas solas, no
solitarias, SOLAS, y
cuando integremos que los humanos somos seres sociales,
hasta entonces
no empezaremos a mirarnos unos a otros y reconocer qué es lo
que nos
pasa y sabremos que se llama SOLEDAD.
La SOLEDAD, según quién o cómo se viva da LIBERTAD o MIEDO.
Rosa
SEGUNDO PREMIO
LÁPIDA (DES)CONOCIDA
He ido al cementerio, buscando silencio entre flores y mica
y, a cambio, encuentro
una vida que llegó a su fin. Y me recordó de ti. Escucho a
su gente sollozar, contar
historias de la vida que extrañan, y me resultan extrañas y
a la vez tan familiares
como me sonarían las tuyas de estos últimos diez años.
Colocan una foto sobre la
losa y, al partir, corro a comprobar si, aunque ya no
recuerdo tu rostro, reconozco tu
nariz, con un miedo tan helado como la sepultura que aún no
te ha llamado, parece,
para sí.
Y me pregunto si me sentiré así cuando llegue el día. Si
siquiera me enteraría
cuando te llegara el día de volver bajo tierra, cuando las
raíces de los árboles
acunen a quien fue mi raíz cuando más la necesité.
Puede que por eso sepa que, aunque hoy no me cojas el
teléfono, iré a comprar tu
colgante favorito, como prometí. Ese que perdí porque abre
la caja de nuestros
recuerdos, que no sé si no quiero ver apretándome la
garganta, o temo que se los
robe el viento. Esperaré a que todo el mundo se vaya y,
mojándome los pies en el
valle de lágrimas, lo dejaré sobre la lápida, fría,
desconocida. Y pronunciaré el adiós
que nunca me dejaste darte.
Porque hiciste lo mismo que yo con el colgante. Decidiste
que no querías llevar el
peso de mi abrazo en tu cuello, anclándote a una tierra de
la que querías volar.
Lucía Llamas Ludeña
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